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No me quedó otra que creerlo cuando a eso de las 19 el viejo Tom subió al escenario del porteño teatro Alvear acribillado por el rugido de las (al menos) 800 almas que poblaron el teatro. Muchos nos “comimos” la cola, algunos desde el día anterior, otros, como el que escribe, bien temprano en la mañana del sábado. Esta vez la suerte estuvo de mi lado, por decirlo de una manera elegante. Luego de superar un “accidente” ferroviario que me complicó la llegada, para cuando pude hacerlo, había casi dos cuadras de cola, alcancé, podría decir, a recibir una de las últimas 10 entradas que quedaban. Los fríos números: unas 800 localidades gratis disponibles para una demanda de 4000 personas, según la organización. Si bien la idea era la de una supuesta “clase magistral” del californiano, el evento se convirtió más bien en una entrevista general sobre la carrera de Waits, para nada bién llevada por los entrevistadores, tal vez superados por los nervios y la presión o simplemente por no ser los indicados para semejante personaje. Tom, un talentoso músico, compositor, y aunque el lo haya negado, un más que creible actor, es además un “showman” con todas la letras, de manera que como entrevistador hay que ser muy rápido con él (David Letterman lo sabe muy bien). En resumen, La “clase” no naufragó gracias al oficio de TW, que “matizó” las falencias con mucho humor y complicidad con el público.
Por último, al menos dos temas para calmar a la multitud: “Never hold back spring” de la última pelicula de Benigni y el clásico “Tom Traubert’s blues”.
PD (cholula): La verdad, quedé tán contento que al terminar el show no me quedó otra que ir a felicitarlo a Telerman que andaba exultante y haciendo “rostro” por todo el teatro.
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